MALTRATO
INFANTIL
FACTORES
FAMILIARES DEL MALTRATO INFANTIL
Entre los profesionales dedicados a la
atención del menor se ha introducido una idea proactiva sobre el maltrato; se
trata del concepto del “buen trato infantil”, que estaría determinado por la
atención al niño según sus necesidades y derechos, lo que implica un avance
importante en la atención a la infancia promoviendo criterios de buena práctica
y estándares de calidad.
Pero ante lo expuesto anteriormente, no
podemos escapar a la realidad que nos circunda, puesto que somos conscientes
que diariamente en cualquier parte del mundo, muchos menores son expuestos de
manera inescrupulosa al maltrato ya sea en diversos factores.
Generalmente, se tiene la idea errónea que el
maltrato infantil es cometido por persona desconocidas, sin embargo, en la
realidad podemos observar que la mayoría de los abusos son realizados por
personas conocidas por el menor (victima) incluso pueden ser los propios padres
del niño, esto se daría porque en ciertas condiciones el sistema familiar, cuya
finalidad funciona de tal modo que los intereses de los adultos se dan como
prioritarios y urgentes en desmedro de los intereses de los menores.
Por ello, atendiendo el medio familiar,
¿Cuáles son los factores familiares que influyen directamente en el maltrato
infantil?
La Convención de los Derechos de los Niños de
las Naciones Unidas en su Artículo 19, se refiere al maltrato infantil, como:
“Toda violencia, prejuicio o abuso físico o
mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que
el niño se encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de
cualquiera otra persona que le tenga a su cargo”.
Por ello, cuando se evidencia
desestructuración en la composición familiar como por ejemplo elevado número de
hijos, padres adolescentes o excesivamente inmaduros o en las familias
reconstituidas. Aquí es un claro ejemplo de violencia familiar y por ende
infantil, puesto que el “desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de
toda violencia” (Jean Paul Sartre).
Por otro lado, los conflictos conyugales,
pueden desembocar en episodios de violencia dirigida al hijo. Es decir la
violencia de la pareja funciona como modelo para la resolución de los problemas
y ello cola en el niño y lo adopta como medida normal y es mas lo pone en
práctica en la escuela o en el medio social en que se encuentra, puesto que
“solo la violencia acostumbra a engendrar violencia” (Esquilo).
Los
padres carecen de expectativas realistas, ya que les atribuyen a sus hijos más
responsabilidades y capacidades de las que pueden asumir y cuando no las
cumplen, puesto que no tienen la capacidad suficiente, los niños tienden a ser
subestimados y ello formaría una brecha tan honda en el aspecto psicológico del
único que lo repetiría cuando esté en capacidad de dirigir su propia familia, y
ello los convertiría en incompetentes para asumir una responsabilidad familiar
“la violencia es el último recurso del incompetente” (Asimov Isaac).
Además el desconocimiento acerca de las
necesidades infantiles produce con frecuencia sentimientos de incapacidad en
los padres y conflictos con los hijos y ello conlleva a reconocer que el estilo
de disciplina utilizado por los padres es excesivamente laxo o permitivo
manifestando asi dificultades para controlar la conducta de los hijos. “corrige
al niño y no castigarás al adulto” (Pitágoras).
En síntesis:
·
La baja frecuencia de
comportamientos positivos que se dirigen al niño; así como una menor interacción y comunicación con los hijos en
general
·
Con este tema tenemos mucha más
conciencia de nuestra vulnerabilidad. Desde pequeños debemos aprender a
cuidarnos. De allí; es mucho más fácil incorporar la violencia como un suceso
en el q somos víctimas.
·
Debemos estar convencidos que la
única manera de frenar el flagelo de la violencia infantil es la educación y
comunicación familiar y lo afirman Edward James olmos -2012. “La educación
familiar es la vacuna contra la violencia”
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